¿Sufres?

 

La experiencia del sufrimiento es inherente a todos los seres vivos dotados de un cierto nivel de conciencia. Así pues, el sufrimiento está vinculado al funcionamiento de la conciencia.

El sufrimiento es distinto del dolor. El sufrimiento nace de la conciencia atenazada por el miedo. Miedo a perder lo que uno tiene, miedo al cambio, miedo a perder la salud, miedo a envejecer o a perder la propia vida. Pero también, miedo al qué dirán, miedo a perder nuestra imagen ante los demás, etc.

Todos nuestros miedos se sustentan en la conciencia del ego, en la identificación con el ego. El ego se construye esencialmente desde el instinto de conservación y en ese sentido es el resultado de un largo proceso de evolución que nos ha permitido adaptarnos mejor a nuestro entorno y sobrevivir.

Somos un organismo, un conjunto de billones de células especializadas y agrupadas de forma funcional cuya misión de conjunto consiste en mantenerse en el tiempo y perpetuarse. Precisamente una de las funciones de nuestro sistema nervioso es coordinar el funcionamiento de todas estas colonias celulares de forma precisa y estable. Para ello, el sistema nervioso representa el cuerpo, crea una imagen del territorio celular, lo identifica y lo defiende como propio y desde ahí representa el resto de objetos.

Esta estructura que con el tiempo llegará a formar el ego complejo- entendido como un conjunto aglutinador de memorias, sentimientos, mapas diversos e imágenes representadas- condiciona la conciencia. Y es precisamente en este condicionamiento en el que surge el sufrimiento. Es como las dos caras de una moneda.

No es posible evolución sin el ego pero a la vez el ego conlleva la experiencia del sufrimiento.

Gracias al ego el ser humano puede experimentar la conciencia en sí misma y esto es un privilegio de nuestra forma de existencia, a diferencia, por ejemplo, de los animales.

La conciencia animal consiste en una respuesta inmediata a la realidad “estimular”. Todo su cuerpo está diseñado para mantener un estado de permanente alerta ante los estímulos que le rodean, sean estímulos que supongan un peligro, por el contrario una seguridad y placer, sea que satisfagan su hambre o sed, sea que le inciten a la procreación etc.

El ser humano, por el contrario, tiene una conciencia que refleja la estructura de la mente a través del ego, con lo cual existe una mediación entre la realidad “estimular” y la conciencia. No somos conscientes de la realidad en sí, sino de la interpretación que nuestra mente egoica hace de la misma. Esta mediación es la clave gracias a la cual nuestra conciencia puede desvincularse de la estructura del ego y dirigirse hacia la esencia de la realidad más allá de las formas y de los estímulos. Por tanto, el ego es imprescindible. De ahí el profundo respeto y agradecimiento que por ejemplo los budistas muestran ante el hecho de existir como seres humanos. A pesar de que el ego ilusorio, e ignorante, pueda ser la fuente de más terribles sufrimientos.

 El camino espiritual no es extinguir el ego, sino trascenderlo.

 Dilatar la conciencia es liberarla de su identificación con el ego para permitir la experiencia de su naturaleza esencial, aun a sabiendas de que luego volverá a sus rutinas con la mecánica de la mente y el ego. Distinguir esto es muy importante ya que tendemos a buscar las causas del sufrimiento en las circunstancias externas y está suficientemente probado que personas distintas viviendo circunstancias similares experimentan, sin embargo, diferentes niveles de sufrimiento.

 Por eso hemos dicho que el sufrimiento está vinculado a la conciencia.

 Observa por un momento las cosas que te hacen sufrir. Observa esos momentos en los que te sientes dolido o dolida, momentos en los que estás lleno de temor. Momentos en los que sientes que te bloqueas. Observa cuando te has sentido deprimido o deprimida, no encontrando

sentido a la vida, incluso esos momentos en los que has buscado “evasiones” para aliviar tu sufrimiento, o has culpado a los demás. Detrás de todo esto lo que late es la ignorancia. La ignorancia no es la ausencia de conocimiento sino la conciencia ofuscada por el ego dolido y tirano.

 Soko Daido Ubalde, monje zen y psiquiatra lo define de la siguiente manera:

La Mente superficial ha sido educada tan ignorantemente que en su uso abusivo se ha hipertrofiado y se ha convertido en un mecanismo que no sabe parar porque siempre tiene la energía de la Propia Naturaleza, usada desde el Ego Ignorante ambiciosamente y siguiendo unos intereses condicionados, unos sentimientos y emociones igualmente condicionados.

Podemos afirmar que no es vivir lo que depara un Ego de estas características.Vivir es cosa de “estar en lo que se está” con toda la Atención puesta en el momento, actuando en un estado de unidad Cuerpo-Mente con lo que se esté Realizando. No hay sujeto y objeto, sólo queda la acción de un organismo que siente originalmente en cada instante, saboreándolo sin romper la Unidad.

 La mente superficial que menciona Soko Daido, es como cuando se mira la realidad por una pajita, se ve reducida. El ego se alimenta de las creencias y pensamientos heredados a través de nuestra educación y cultura y se aferra, gracias a la memoria, a las formas conocidas como si fueran cosas inamovibles. En definitiva, el sufrimiento nace del sentimiento de carencia derivado del apego.

Sufrimos cuando sentimos que nos falta algo que consideramos necesario para el mantenimiento de nuestro ser en el tiempo. Pero previamente a este sufrimiento está la experiencia que nosotros tenemos de lo que somos como realidad diferenciada o ser individual. Por tanto el sufrimiento está vinculado a la imagen que tenemos de nosotros mismos, a la imagen de nuestro ego. La raíz más honda de todo sufrimiento está aquí, en nuestra identificación con el ego. Identificación que se va tejiendo desde la infancia y se va construyendo al hilo de la historia personal, de la educación y la experiencia vivida.

Por todo lo dicho podemos entender por qué el sufrimiento es tan subjetivo y particular. Una persona puede sufrir mucho por la pérdida de cosas materiales y en cambio otra lo hace por la pérdida de posición social, de trabajo, o de salud, o de cualquier otra cosa.

 Ahora bien, es muy importante descubrir que la raíz no está en el objeto, sino en el interior de cada uno.

  Y esto no es un descubrimiento intelectual. No vale mucho racionalizar esta afirmación y pensar: “ya lo he pillado, está claro, no viene de fuera sino de dentro…” No; se trata de un descubrimiento de otro tipo, de una certeza vivencial y emocional que, ante un hecho que nos provoca sufrimiento nos coloca inmediatamente en la raíz: nuestro corazón.

En último término, el sufrimiento es la expresión del desamparo, de la soledad, de la separación del todo, y por lo mismo es anhelo de unidad y en último término de felicidad.

Cualquiera que sea la condición del ser humano, se tenga mucho o poco, se viva en un país o en otro, inscrito en la naturaleza humana hay un anhelo de felicidad y de paz; un anhelo, en definitiva de amor y compasión que responde a nuestra propia esencia. En el amor encontramos felicidad porque nos encontramos “en casa” experimentamos lo que realmente somos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: