La no agresión: AHIMSA

En 1973, un amigo mío regresó después de haber estado varios años en Nepal y en India y dijo de sí mismo:

“Si no puedo hacer nada útil, por lo menos me gustaría causar el mínimo daño posible”.

 

Supongo que uno puede regresar de lugares lejanos con todo tipo de cosas contagiosas si no va con cuidado. En ese preciso instante y lugar, en el salón de mi casa, me contagié de la idea ahimsa, y nunca he olvidado el momento en que ocurrío.  Ya había oído hablar de ella antes. La actitud de no hacer daño, la no agresión, constituye una parte esencial de la práctica del yoga y del juramento hipocrático. Fue el pirncipio subyacente de la revolución de Gandhi y de su práctica meditativa personal. Pero hubo algo en la sinceridad con que mi amigo hizo ese comentario –además de la incongruencia con la persona que yo creía que él era- que me impactó. Me pareció una buena manera de relacionarse con el mundo y con uno mismo.

¿Por qué no intentar vivir causando el mínimo daño y sufrimiento posibles?

Si viviésemos de este modo no estaríamos sometidos a los insanos niveles de vioilencia que dominan nuestra vida y nuestro pensamiento hoy en día. Y también seríamos más generosos con nostros mismos, tanto en el cojín de meditación como fuera de él.

Al igual que cualquier otro punto de vista, la no agresión puede ser un principio fantástico, pero es el hecho de vivirlo lo que cuenta.

Podemos practicar la ternura propia de ahimsa con nosotros mismos y nuestra vida cotidiana, con relación a los demás, en cualquier momento.

¿Se encuentra en ocasiones con que es duro consigo mismo y se menosprecia? En esos momentos, recuerde ahimsa. Véalo y suelte.

¿Habla mal de los demás a sus espaldas? Ahimsa.

¿Se esfuerza más allá de sus propios límites sin tener en cuenta su cuerpo y su bienestar? Ahimsa.

¿Causa dolor o sufrimiento a otras personas? Ahimasa.

Nos resulta fácil relacionarnos con ahimsa con respecto a personas que no constituyen una amenaza para nosotros. El reto es cómo nos relacionamos con una persona o una situación cuando nos sentimos amenazados.

La voluntad de hacer daño o de herir a los demás tiene su origen, en última instancia, en el miedo.

La no agresión requiere que veamos nuestos propios temores, que los compredamos y los asumamos. Asumirlos significa responsabilizarnos de ellos. Responsabilizarnos significa no permitir que el miedo domine por completo nuestra visión y nuestra perspectiva. Sólo el hecho de ver con atención plena nuestro propio aferramiento y rechazo y la voluntad de enfrentarnos a estos estados mentales, por muy doloroso que resulte el encuentro, pueden liberarnos del círculo de sufrimiento en que estamos atrapados.

Si no  los llevamos a la práctica a diario, los ideales nobles tienden a sucumbir al interés personal.

 Ahimsa es un atributo del alma y, por consiguiente, debe ser practicada por todos en todos los asuntos de la vida. Si no se puede practicar en todos los ámbitos, carece de valor práctico. MAHATMA GANDHI.

 Si no puede amar al rey Jorge V, por ejemplo, o a Winston Churchill, empiece por su esposa, o por su marido, o por sus hijos. Intente anteponer el bienestar de éstos al suyo propio cada minuto del día y permita que el círculo de su amor se expanda desde ahí.Si intenta dar lo mejor de sí, no hay lugar para el fracaso. MAHATMA GANDHI.

 

Extraído del libro Mindfulness en la vida cotidiana de Jon Kabat Zinn

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