Una Exploración por las Raíces del Amor (V)

 

Darío: Parece que en toda relación hay un gran potencial para el conflicto y la discordia.

 

Prometeo: Precisamente. Un compromiso de proceso conlleva observar bien los conflictos ya que si nos resistimos a aceptarlos, lo que hacemos es crear más conflicto, ó esconderlo en el fondo donde se ve alimentado para la batalla venidera. Lo mejor consiste en permitir que el conflicto haga su aparición y manejarlo con consciencia. En síntesis, el mejor camino para comprometerse con una relación, es estar comprometido con nuestro propio crecimiento personal. Cuanto mejor se lleve uno consigo mismo, mejor se llevará con su pareja, y con el mundo.

 Darío: Supongo que también nos dejamos embaucar por la fantasía de que nuestra salvación consiste en encontrar la persona perfecta.

 Prometeo: Cada persona tiene sus puntos fuertes y sus limitaciones. Tenemos que tener claro que si queremos desarrollar una relación, deberemos aceptar las consiguientes limitaciones que conlleva. Esta aceptación nos dejará libres para disfrutar lo que tenemos. Si estamos comprometidos con nuestro desarrollo personal podremos ayudarnos mutuamente para llegar a ser más sanos y felices.

  LA PAREJA PERFECTA ¿”Cómo puede ser que nunca te hayas casado Nasrudim”?, le preguntó su amigo.

 “Bueno, tengo que decirte la verdad, pasé mi juventud buscando a la mujer perfecta. En El Cairo encontré a una mujer bella e inteligente, con ojos como aceitunas, pero era muy cruel. A continuación en Bagdad conocí una mujer que tenía un alma maravillosa y generosa pero no teníamos ningún interés en común. Una mujer tras otra me parecía al principio ser la elección perfecta, pero pasado un tiempo descubría que faltaba algo. Hasta que de pronto un día, allí estaba ella. Era bella, inteligente, generosa y amable. Lo teníamos todo en común”. “Bueno… ¿qué pasó? ¿por qué no te casaste con ella”? “Es algo muy triste…” contestó Nasrudim, mirando pensativo a su taza de te.  “Parece ser que ella buscaba al hombre perfecto”.

  Darío: ¿Y qué sucede si somos románticos a pesar de saber que no es una actitud ni compartida por nuestra pareja, ni realista?

 Prometeo: Cuando nuestras ansias de amor romántico se vean frustradas en el seno de una relación, sentiremos la tendencia a hacer “escapadas”. Es frecuente observar como algunas esposas casadas con estos patrones románticos, buscan el romance en una aventura amorosa. Incluso, en muchos casos, sucede que empiezan relaciones sucesivas con hombres que parecen demostrar sensibilidad y afecto, en contraposición al marido “algo más frío”. Al poco, es frecuente que descubran que lo único que realmente movía a sus acompañantes era el sexo y no el dulce amor que anhelaban.

 Darío: Bueno, si se encontraban aburridas, algo es algo.

 Prometeo: No se crea. Suelen ser personas que no soportan la regularidad porque al carecer de una vocación que dé sentido a sus vidas, necesitan sentirse enamoradas, es decir estimuladas por la adicción a la relación romántica.

 Darío: ¿Ha dicho adicción como si se tratase del alcohol ó la cocaína?

 Prometeo: Sí. Adicción al romance con todas las letras. Personas adictas al estímulo bioquímico del enamoramiento y que, cada cierto tiempo, necesitan enamorarse para activar el psicocuerpo y salir de un estado mental que, en vez de fomentar la motivación, requiere del estímulo.

 Darío: ¿Parece usted decir que lo sano es la motivación y lo adictivo es el estímulo?

 Prometeo: Sí, adicción al estímulo. La motivación brota del centro del sí mismo y tiene que ver con el propósito de la vida, la razón por la que vivimos. Y el estímulo, por el contrario, es una salida momentánea al enfrentamiento directo con el yo, un despiste excitante que, como la pólvora, arde rápido y entretiene a una mente que no quiere entrenarse en la vivencia del momento presente. Algo así como no conseguir contemplar lo que, simplemente, sucede, y escapar hacia delante con un chorro de estímulos.

 Darío: Tal vez los pensamientos que usted menciona son inconscientes y, por tanto, no salen tan fácilmente a la consciencia.

 Prometeo: Son ideales y expectativas románticas, más o menos conscientes, que lejos de unirnos, nos predisponen a engañar a nuestra pareja. Sucede que cuando la realidad no coincida con las imágenes que la sociedad ha vendido, acerca de lo que debe ser una relación, buscaremos vivir la peliculita como sea.

 Darío: ¿Puede dar algún ejemplo de los pensamientos de esa peliculita?

 Prometeo:“Quería que alguien me rescatara. Buscaba un ideal y quería que alguien me demostrara su amor y cuidara de mí. Buscaba una persona que me hubiese dicho: Lo único que tienes que hacer es estar ahí sentada y estar siempre preciosa”. Las expectativas románticas tienen una carga emocional que nos lleva a querer que “nos adoren”, un sentimiento infantil que suele estar alimentado por miedos y sufrimientos que proceden de carencias de pasado.

 Darío: A todos nos gusta que nos adoren.

 Prometeo: No se trata de que “nos adoren” precisamente, ya que además sería una verdadera paranoia, controlar la regularidad de este sentimiento, sino en todo caso, se trataría de poner nuestro acento en amar nosotros que, luego ya seremos razonablemente amados.

 Darío: ¿Poner nuestra atención en el grado de amor que experimento, mas allá de que seamos amados mucho o poco?

 Prometeo: El que goza realmente es el que ama.

 Darío: ¿Y qué significa estar constantemente controlando y pidiendo que nos amen?

 Prometeo: En el caso concreto del romanticismo que vengo exponiendo, lo que estaremos buscando encubiertamente, es a la madre o al padre perfectos del que tuvimos carencias. Una especie del príncipe ó princesa que certifiquen que, efectivamente, tenemos mucho que ofrecer y que somos buenos.

 Darío: ¿Y qué puede hacerse ante la presencia de este abanico de anhelos?

 Prometeo: Para controlar el efecto de estas creencias, hay que estar continuamente alerta y reemplazar estos pensamientos por ideas más amplias. Se trata de cultivar principios que, tal vez, no nos proporcionen tanto consuelo, pero que nos preparan mucho mejor para recorrer la senda profunda de la relación con uno mismo, un camino que da sentido a nuestras vidas y hace florecer el estado de amor.

 Darío: El camino hacia el centro de uno mismo ¿pasa por desprendimientos de patrones mentales que pueden ser dolorosos?.

 Prometeo: Todo cambio tiene algo de muerte y pérdida de lo viejo. Pero en la práctica, aceptar y comprender nuestro dolor, lo atempera y disminuye de tal forma que ya no nos parece tan temible

 Darío: Pero el dolor es malo, y debemos evitarlo como sea.

 Prometeo: ¿Existe el placer sin una porción, por mínima que ésta sea, de dolor? Nunca he conocido a nadie que se haya visto perjudicado por aceptar su dolor. Más bien todo lo contrario. He trabajado con personas que precisamente habían enfermado, debido a su incapacidad para sentir y expresar el dolor que se agitaba dentro de ellos. Individuos siempre enfadados y prepotentes, amargados o deprimidos, Y todo ello, como resultado de la disociación con su propio dolor, un sufrimiento que persiste a pesar de los denodados esfuerzos por eliminarlo.

 Darío: A veces pienso que mientras alejemos el dolor, que “nos quiten lo bailado”.

 Prometeo: Algunas personas sienten repulsión de su propio sufrimiento, creyendo que si permiten que su dolor haga acto de presencia, lo que estarán haciendo es auto-compadecerse. Se escudan en un falso orgullo, e insisten que lo que no quieren es recrearse en su dolor, tapando, engañándose y creyendo haber acabado con él. No quieren admitir que la pérdida de pareja supone un verdadero duelo y, que hay que tomarse un tiempo para recuperarse de algo así.

 Darío: ¿Qué dicela Filosofía del sufrimiento?

 Prometeo: De todas formas, podemos e incuso debemos superar el dolor, aprendiendo a solucionarlo. Recordemos que el Budismo, que en el fondo es un programa sistemático para el descondicionamiento del dolor, formula “Las 4 Nobles Verdades” de la siguiente forma:

 

1-      Que debemos reconocer la existencia del sufrimiento en todos los seres humanos.

2-      Que el sufrimiento tiene una causa, es decir no sucede de forma accidental.

3-      Que examinando la cusa del sufrimiento podemos poner remedio y hacerlo cesar.

4-      Que merece la pena dedicar los mejores esfuerzos de nuestra vida en el cultivo de la cesación del mismo.

 Darío: ¿Y qué dicela Psicología de la cesación del dolor en los casos de traición?

 Prometeo: Hay diversas corrientes de Psicología que tratan este tan frecuente problema de la traición. Los terapeutas que dan importancia a liberar las emociones, nos animarán a desahogar nuestra bien justificada ira hacia quien nos ha traicionado, quizás incluso nos inviten a golpear una almohada. Los psicoanalistas nos ayudarán a explorar aquellos años de nuestra infancia que nos conducen a repetir los mismos tipos de relación que terminan en desastre. Los analistas jungnianos explorarán nuestras zonas del yo que, al no reconocer como propias, las proyectamos sobre nuestra pareja.

 Darío: Sigo resistiéndome a entender el dolor emocional como algo que presagia crecimiento, como parece deducirse de lo que usted expone.

 Prometeo: Se lo diré de otra forma. El sufrimiento es el síntoma de un proceso de pérdida que sucede como consecuencia de una condición humana, amnésica de lo Real, que vive identificada con todas las capas de cebolla de nuestro ego. Cada progresiva desidentificación que experimentamos en nuestro “camino de vuelta” a lo Real, equivale a una cierta forma de muerte. El sujeto se vacía progresivamente de todo aquello que no es Él, sino de Él.

 Darío: ¿Qué es Él?

 Prometeo: Pura observación. El sujeto o yo esencial es océano de conciencia.

 Darío: ¿Qué quiere decir con eso que no es Él, sino de Él?

 Prometeo: En este caso, no es Él, sino de Él, el dolor emocional, disfrazado de culpas, engaños, frustraciones, abandonos… una expresión de este desprendimiento evolutivo que vivimos cotidianamente como pérdida.

 Darío: Apunta usted hacia un tema muy profundo, el tema de la identidad esencial.

 Prometeo: En última instancia, todo dolor se produce por la rotura de alguna de las cadenas que esclavizan la conciencia en su identificación con lo que no es usted en esencia. Vivimos sometidos por la amnesia de la identificación con nuestro ego. Y conforme vamos soltando apegos, experimentamos dolor. Usted, en realidad, es mucho más de lo que, momentáneamente, siente que ha perdido.

 Darío: Por lo que dice usted, no parece mal asunto el soltar y sentir que perdemos.

 Prometeo: Durante una gran parte de la vida hacemos el camino de ida que consiste en llenar, agarrar e identificar, y de pronto, comenzamos el camino de vuelta y comenzamos a sentir que crecer equivale a vaciar, a desprenderse y a soltar. Un regreso a Casa que, en última instancia, libera, a veces con dolor, al Yo profundo de la hipnosis que reduce nuestra conciencia, siempre omnipresente y luminosa. 

Una Exploración por las Raíces del Amor (VI)
 
 

 Inspirado en las obras:  “Amor y Traición” de John Amodeo,“Conciencia, Realización y Existencia” de Antonio Blay y reflexiones del autor.

Por José María Doria

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