Una Exploración por las Raíces del Amor (IV)

 

Prometeo: Los sentimientos de venganza, aunque no lo parezca, nacen con frecuencia del deseo de saber que somos importantes para alguien, de saber que marcamos la diferencia en su vida. Queremos sentir que poseemos el poder de influir en otra persona, y resulta que cuando de pronto, nos sentimos traicionados, ya no somos especiales para esa persona, y “no nos quiere igual” porque hemos dejado de “ser únicos”. 

 

Darío: Huele al mundo infantil de príncipes y princesas.

 Prometeo: La frustración genera una clase de ira que tiende a exigir que nos valoren como sea. Si no podemos conseguir que esa persona, ante la que nos sentimos heridos, nos ame, tenemos tendencia a gratificarnos, imaginando que va a experimentar un cierto dolor y sufrimiento. Si logramos que nuestra pareja “sufra tanto como nosotros hemos sufrido”, y conseguimos despojarlo de su dignidad, conseguimos al fin, recuperar “el mando” y volver a sentir que somos importantes. Desgraciadamente, es frecuente pensar que las posturas contrarias a la venganza y la revancha encarnizada, nos pueden “hundir en la miseria”.

 Darío: ¿Existen personas que ante situaciones de dolor y abandono, no entran en guerra?

 Prometeo: Hay variedad de actitudes, pero existen algunas personas que suprimen su legítimo sentimiento de ira, diciendo que son bajos y vulgares; algo así como “poco refinados ó espirituales: “No se merece que me lleve un disgusto, no voy a permitir que me haga daño”. Y esta actitud puede acabar finalizando en un camino depresivo. Hay ocasiones en las que un ataque de ira enérgico, puede ayudar a estas personas a liberar un montón de energía que, de otra forma, quedaría atrapada dentro de ellos. Tengamos en cuenta que si no somos capaces de transmutar y convertir esa ira en templanza y amplitud,  podemos terminar sintiendo desprecio y odio por nosotros mismos, y esto no solo daña el bienestar emocional, sino también la salud física.

 Darío: Y reorientando nuestra exploración ¿qué nos dice de los celos?

 Prometeo: Los ataques de celos son muy frecuentes entre aquellas personas, en las que su autoestima está ligada en exceso a su imagen y atractivo sexual. Se trata de personas que utilizan su seducción para mantener y manipular al otro. Cuanto más profunda es la relación con uno mismo, menos se oyen este tipo de comentarios.“Me pone enferma como coquetea con cualquier jovencita que se le pone delante”.“Sólo con ver que ella mira a otros hombres aumenta mi inseguridad, ese sentimiento de que no soy lo suficientemente bueno”.

 Darío: Cuando dice “suficientemente bueno” ¿se refiere a “bueno en la cama”?

 Prometeo: Nuestro miedo y nuestra vigilancia se acentúan, si nos da por creer que nuestro rival es sexualmente más deseable y deseado, por nuestra pareja que nosotros mismos.

 Darío: Sobre todo, si nuestra pareja nos ha engañado con alguien más joven. En estos casos es muy frecuente referirnos a ella, con toda la crueldad y el desprecio que somos capaces.

 Prometeo: Sí, pero hasta cierto punto, porque a la larga, lo único que conseguiremos arremetiendo constantemente con un carro de críticas, será aburrir a nuestros amigos, que terminarán por saberse de memoria esa pesada y machacona letanía de todos los defectos de nuestra pareja. Sumirnos en un mar de críticas y comentarios, nos aísla del dolor que nos negamos a aceptar, pero lo que hacemos, realmente, es mentirnos y aplazar.

 Darío: Supongo que cuando sentimos daño por la conducta de alguien, no nos viene mal exagerar un poco sus defectos y devaluarlo en lo posible.

 Prometeo: No se lo niego, pero mejor observar qué parte de nuestro ego se siente tiranizada y como des-afectarse. Además si tenemos un modelito acabado de expectativas ideales, cerramos la mente a otros puntos de vista, e interrumpimos nuestro proceso de ampliación.

 Darío: Honradamente, reconozco que suele ser un alivio que alguien apruebe y apoye un poco, la imbecilidad de nuestro ofensor.

 Prometeo: Hasta cierto punto. Recuerdo oír a una persona que se sentía comprometida con su crecimiento que comentaba: “Mis amigos me decían: ¡Pues claro que es un memo. Un memo total. En cualquier caso no merece estar contigo!. Y aunque reconozco que su intención era buena, no me ayudaron a profundizar”.

 Darío: Sí, pero también puede suceder el caso contrario, que como nos pongamos muy “comprensivos” con nuestro ofensor, caigamos en el victimismo y la culpa.

 Prometeo: Cuando nos sentimos víctimas experimentamos una cierta sensación de inocencia. De pronto, sucede que por ser las víctimas, recibiésemos una especie de bula que nos permite culpar y acusar a otros, sin tener que profundizar y descubrir, en qué medida hemos podido contribuir a nuestra propia infelicidad y, en qué medida podemos crecer y expandir nuestra consciencia.

 Darío: Ante el engaño y la ruptura, tendemos a  culpabilizar al otro, ya que de otra forma, sentimos que nuestra autoestima se iría a los suelos.

 Prometeo: El verdadero reto está en ser capaces de no culparnos a nosotros mismos, ni echar al culpa a los demás que, en realidad, son las dos caras de una misma moneda. Se trata de descubrir nuestra parte de aprendizaje en el proceso de relación, y aprender de ello. Convirtamos la culpa en responsabilidad y si sufrimos por amor, conviene explorar y clarificar aspectos con nuestra pareja que habíamos ignorado ó malinterpretado, teniendo en cuenta que estas percepciones son, en realidad, discernimientos, y no juicios.

 Darío: Pero supongo que por más que clarifiquemos lo experimentado, alguien tendrá la razón.

 Prometeo:¡Qué más da llevar razón! Si a fin de cuentas sufrimos como si no la tuviéramos. En el fondo, si tenemos razón ó no, es completamente irrelevante.

 Darío: Sí, pero habíamos legado a creer que era posible y a ilusionarnos, habíamos escuchado promesas, incluso habíamos renunciado, lo llegamos a entregar todo… En el fondo ponemos tanto en juego en el amor romántico.

 Prometeo: Las expectativas anticipatorias sobre el futuro, en el concreto mundo de los sentimientos, es un reflejo del patrón de dependencia emocional que subyace en el “chute romántico”. El concepto occidental de “amor romántico” que floreció en Europa en la época medieval, supuso un avance evolutivo respecto a las actitudes de los tiempos anteriores. En el pasado, la elección de pareja la preparaban los mayores, y se hacía con miras a cumplir un deber, más que para satisfacer gustos personales.

 Darío: Entonces ¿cuál es el problema?

 Prometeo: Pues que este avance vino acompañado de un surtido completo de cuentos de hadas y fantasías que, por un lado, estimularon la imaginación, pero por otro, saturaron nuestra conciencia de esperanzas totalmente fantásticas y desmedidas.

 Darío: Fantásticas ¿En qué sentido?

 Prometeo: Los mitos quijotescos y las visiones románticas despertaron en nosotros la posibilidad del placer de las afinidades conscientes, un gran avance hacia un amor más integral y una satisfacción más profunda, pero este legado vino acompañado de ideas que exageraron y distorsionaron lo que es una relación. Al parecer, se vende la idea que cuando uno siente pasión, parece todo muy fácil y que ya no hace falta renuncia y trabajo.

 Darío: Sí, tal vez muchas películas enganchan con ese patrón

 Prometeo: Entre estas fantasías se encuentra la imagen de que en el mundo no existe más que una única persona a la que podemos amar con todo nuestro corazón, y que una vez nos casemos con esta persona, seremos felices para siempre.

 Darío: ¿Qué otra alternativa hay al compromiso de por vida?

 Prometeo: La promesa de seguir juntos “hasta que la muerte nos separe” tiene un cierto encanto, pero no tememos poder para anticipar cuales serán nuestras necesidades y deseos en el futuro ni tampoco los de nuestra pareja. Podemos sentirnos traicionados ante diferencias que no habíamos previsto, o ante aquellas fuerzas que escapan a nuestro control, y provocan el incumplimiento de nuestras promesas.

 Darío: Sí, aunque sea un pinchazo de nuestras ilusiones, debemos reconocer que no tenemos ningún control sobre la longevidad de nuestra relación. Pero ¿debemos renunciar a amar a alguien para toda la vida?

 Prometeo: Pedimos amar y perpetuar la unión durante el resto de nuestra vida. El hecho de buscar y ofrecer estas garantías es completamente natural, y está claro que el desear que el amor dure es algo hermoso y profundo. Pero ¿podemos comprometernos a ello bajo cualquier circunstancia? Nos engañamos si creemos que nuestra pareja puede resolvernos algo que nosotros mismos, ni siquiera sabemos cómo dárselo a los demás.

 Darío: Nuestra sociedad creadora de mitos, en cierto modo se empeña en inducirnos con ideas románticas acerca del matrimonio.

 Prometeo: Aquellos que no pueden soportar la diversidad y lo imprevisible de la vida, intentarán engatusar y obligar a los demás para asegurase estabilidad y certidumbre. Sin embargo, solamente si nos arriesgamos de manera inteligente y le damos una oportunidad a la confianza en nosotros, podremos alcanzar una relación estable. El crecimiento de la confianza y de una armoniosa relación son contrarios a nuestros planes de control y florecen al vivir la vida, siendo auténticos y sensibles a nuestras propias necesidades y a las de los demás.

 Darío: Me sigo preguntando si, en estos tiempos, existe una alternativa al compromiso clásico, del “contigo para siempre”.

 Prometeo: Consideremos seriamente la posibilidad de cambiar esos clásicos votos, tan poco realistas y convencionales, por un compromiso de proceso.

 Darío: ¿Qué significa estar comprometido con el proceso?

 Prometeo: Un compromiso de proceso empieza en el momento en el que cambiamos el centro de nuestra atención, y dejamos de centrarnos en la conexión con nuestra pareja, pasando a concentrarnos en la conexión con nosotros mismos. Solamente creando vínculos de conexión con nuestro propio proceso vital, podremos llegar a crear unas condiciones favorables para que florezca un buen rollo. Es entonces cuando en vez de colocar nuestras esperanzas en una promesa de continuidad, las colocaremos en crear un entorno, en el que, lo más probable sea que nuestra pareja desee permanecer con uno y uno con ella.

 Darío: ¿Puede ser más concreto?

 Prometeo: Quiero decir que tan solo puedo comprometerme a expresar mis experiencias mas íntimas tal y como yo las vislumbro. A comunicar mis sentimientos de forma directa y sensible sin culpar a nadie. Comprometerme con mi propio proceso de crecimiento personal, de forma que mis pautas vayan, cada vez más, fluyendo desde mi centro esencial. A respetar los sentimientos y necesidades de mi pareja. A explorar los puntos negros que llevan a distanciamiento, la desconfianza y la traición. A utilizar la relación como camino para conocerme más a mí mismo. A ser tolerante con las malas rachas de confusión.

 Darío: Desde luego estos compromisos son los únicos que, tal vez, podamos afrontar. ¿Puede citar algún otro aspecto en este mismo campo de compromiso de proceso?

 Prometeo: Tan solo puedo comprometerme a ser yo mismo y, en consecuencia, lo poco o mucho que puedo ofrecer tan sólo lo que siento, tratando de poner honestidad y franqueza. Puedo ofrecer mi propia profundidad en juego, y también a mirar dentro de mí y expresar lo que nos va uniendo y separando. 

Una Exploración por las Raíces del Amor (V)
 

Inspirado en las obras:  “Amor y Traición” de John Amodeo,“Conciencia, Realización y Existencia” de Antonio Blay y reflexiones del autor.

Por José María Doria

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