“Si de Verdad quieres cambiar el mundo, empieza por ti mismo”

 

Lo mejor que podemos hacer por la humanidad es aprender a estar en paz con nosotros mismos. Aunque reconozco que he necesitado casi toda una vida para comprender qué carajo significa, hoy no puedo estar más de acuerdo con esta afirmación. Como la mayoría de los mortales, yo también me reía de los libros de autoayuda y de los cursos de crecimiento personal.

Incluso llegué a demonizar con agresividad a quienes intentaban compartir conmigo sus experiencias místicas, relacionadas con los aspectos más intangibles de nuestra condición humana. Entonces no sabía por qué, ¡Pero aquella gente me sacaba de mis casillas!

¡Madre mía! ¡Cómo he cambiado desde entonces! A mis sesenta y cinco años, de lo único que me río es de mí mismo, de lo ignorante e inconsciente que he llegado a ser. Ya sabéis el dicho: «No hay peor ciego que el que no quiere ver». Incluso ahora que lo escribo, todavía me provoca escalofríos.

¿Cómo he podido engañarme tantos años a mí mismo? ¿Como he podido burlarme e insultar a quienes intentaban mostrarme el camino? ¿Cómo he podido ser tan arrogante? ¿Cómo he podido vivir desconectado tanto tiempo de lo único que me mantiene vivo? Para ser sincero, no tengo ni la más remota idea.

Lo que sí he descubierto es que nada sucede por casualidad. Cada uno de nosotros recoge aquello que siembra. Como escribió el gran líder hindú Mahatma Gandhi:

«Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras. Cuida tus palabras porque se transformaran en acciones. Cuida tus acciones porque se convertirán en hábitos. Cuida tus hábitos porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter porque determinará tu destino. Y tu destino será tu vida».

Muy sabio este hombre, sí señor. No se me ocurre ninguna forma mejor de expresar la enorme responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros a la hora de gestionar nuestra propia vida. Al mirar hacia atrás y analizar mi historia personal, me doy cuenta de que en general no me ha ocurrido lo que yo quería o deseaba, sino lo que necesitaba para aprender a ser feliz.

¡Qué maravillosa es la vida cuando tomas consciencia! ¡Qué asombrosa experiencia es estar vivo! ¡Y qué sentido tiene todo cuando vives conectado a tu corazón!

No es que sea una persona sentimental, pero no puedo ni debo olvidarme de lo que de verdad importa. Por eso me gusta recordármelo de vez en cuando. Sobre todo porque mis primeros cincuenta y siete años transcurrieron casi sin darme cuenta. Afortunadamente, la vida es tan sabia y generosa que me hizo coquetear con la muerte. Lo digo muy en serio: aquel triple bypass fue una auténtica bendición. Me hizo abrir los ojos. Y así fue como empecé a vivir despierto. Si no hubiera sido por mi muerte clínica, nada de esto hubiera sucedido. ..

…Ya no me cabe la menor duda: cuando confías en lo que no eres capaz de ver empiezas a sentirlo en tu corazón. Y cuando te comprometes con eso que sientes, tarde o temprano terminas por hacerlo realidad. Ahora mismo, confío plenamente en que el ser humano __así como el medio ambiente del que forma parte__constituirá el centro de la nueva filosofía económica que surgirá como consecuencia de la crisis financiera que estamos viviendo en estos momentos. No soy un visionario, ni mucho menos un adivino.

Pero estoy convencido de que las únicas organizaciones que van a sobrevivir son aquellas que beneficien directamente a la humanidad. Todas las demás caerán por su propio peso.

La clave de nuestro futuro como sociedad es que en el presente cada uno de nosotros nos comprometamos con nuestra responsabilidad personal. Ya no sirve de nada hacerse la víctima. Lo único que nos impide ser protagonistas de nuestra propia vida es el miedo. Y mientras no seamos dueños de nosotros mismos, estaremos condenados a ser esclavos de nuestras circunstancias. En cambio, cuanto más crezcamos y nos desarrollemos interiormente, más crecerán y se desarrollarán proyectos empresariales verdaderamente productivos, sostenibles y alineados con la evolución consciente de la humanidad.

Comprendo que no es nada fácil ser valiente. Pero para eso estamos aquí, ¿No? Para superar los miedos que nos limitan y convertirnos en las personas que podemos llegar a ser. Todo se reduce a una simple decisión individual. Y, lo queramos ver o no, la tomamos cada día.

 ¿Qué más puede desear un ser humano cuando es feliz? Nada. Absolutamente nada. De ahí que el deseo tan solo aparezca cuando nos sentirnos vacíos e insatisfechos.

¡Qué peligroso es el deseo! Si no vamos con ojo puede llevarnos a la cima del mundo, pero a cambio de corromper nuestra alma.

El cambio y la evolución de la consciencia de la humanidad son tan necesarios como inevitables. Es cuestión de tiempo que la gente experimente un clic en sus cabezas.

Lo cierto es que he vuelto a conectar con el niño juguetón y soñador que llevo en mi interior. Reconozco que mis palabras todavía generan mucho escepticismo y resistencia. Y eso que el mensaje central de todas mis charlas es que el cambio de mentalidad individual es lo que transforma a las empresas y, por ende, al sistema.

Por eso animo a quienes tienen el coraje de escucharme a que se comprometan con su autoconocimiento y desarrollo personal.

 

Extraído del libro “El Principito se pone la corbata” de Borja Vilaseca

AlfonS

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