¿De qué depende tu Felicidad?

 

 

Debido a nuestras carencias interiores, solemos creernos una de las grandes mentiras que preconiza el sistema en el que vivimos: que nuestro bienestar y nuestra felicidad dependen de algo externo.

Esta es una de las falacias que más nos limitan, pues todo aquello que realmente necesitamos y que solemos buscar fuera tan solo nos lo podemos dar nosotros mismos mediante las cosas que nos decimos cada día. En eso consiste autoabastecerse emocionalmente. El secreto reside en detectar nuestras creencias erróneas y limitantes. Para lograrlo, hemos de ser conscientes y hacernos responsables de las interpretaciones que nos generan malestar. Solo así podemos ir poco a poco sustituyéndolas por verdades verificadas por nuestra propia experiencia, como que

nuestro bienestar y felicidad tan solo dependen de nosotros mismos, de la manera en la que interpretamos lo que nos sucede.

De ahí que todos los grandes sabios hayan repetido una y otra vez que la verdadera batalla no se libra fuera, sino dentro de cada uno de nosotros…

Me cuesta mucho aceptar que los demás no tengan una buena opinión de mí.

La mayoría de nuestros conflictos emocionales tienen que ver con nuestras relaciones. De hecho, la imagen que los demás puedan hacerse de nosotros en base a sus valores y creencias es algo que a nuestros egos les suele costar mucho aceptar. Pero lo cierto es que es algo que no podemos controlar. Forma parte de lo que se denomina “círculo de preocupación”, es decir, todo aquello que no depende de nosotros.

 Por otro lado, nuestro “círculo de influencia” es lo que sí está a nuestro alcance, que en este caso es cómo nos vemos a nosotros mismos.

Y esto es precisamente lo único que necesitamos para ser felices. Así, el ejercicio consistiría en recordarnos cada mañana, nada más levantarnos, que

nuestra autoestima, nuestra confianza y nuestra paz interior solo dependen de nosotros y de nadie más.

 Una Fábula:

Un hombre y su mujer salieron de viaje con su hijo de doce años, que iba montado sobre un burro. Al pasar por el primer pueblo, la gente comentó:

Mirad a ese chico tan maleducado: monta sobre el burro mientras sus pobres padres van caminando”. Entonces, la mujer le dijo a su esposo: “No permitamos que la gente hable mal del niño. Es mejor que subas tú al burro”. Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuró: “Qué sinvergüenza es ese tipo: deja que la criatura y su mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima”. Entonces tomaron la decisión de subirla a ella en el burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente exclamó: “¡Pobre hombre! ¡Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! ¡Y pobre hijo! ¡Qué será lo que les espera con esa madre!”. Entonces se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres, y continuar su viaje. Al llegar a otro pueblo, la gente dijo: “¡Mirad qué familia, son más bestias que el burro que los lleva! ¡Van a partirle la columna al pobre animal!”. Al escuchar esto, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente la gente les volvió a increpar: “¡Mirad a esos tres idiotas: caminan cuando tienen un burro que podría llevarlos!”.

 ¿Qué más puedo hacer en mi día a día para ser más consciente de mis creencias limitadoras  e interpretaciones subjetivas y dejar de ser tan reactivo?

Extraído del libro “El Principito se pone la corbata” de Borja Vilaseca

AlfonS

 

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