Una Exploración por las Raíces del Amor (I)

 

Darío: En el mundo de las relaciones de pareja, observo que atravesamos una época de multiplicidad de experiencias en las que descubrimos y gozamos, pero también vivimos un tiempo de frecuente dolor por causa de desengaños emocionales y mentiras sexuales. ¿Qué sentido tiene para usted como psicoterapeuta, todo este rosario de exaltaciones y frustraciones que conlleva el modelo actual de relación?

 

Prometeo: Comencemos por decir que nuestro actual cultura del bienestar, a través de las relaciones, permite la posibilidad de alcanzar una auto-consciencia y un desarrollo personal, como no pudo propiciar, ninguna otra época anterior. El amor puede ser una gran catalizador de aprendizaje.

 Darío: Puede que así sea, pero también a costa de perturbaciones y desmoronamientos personales muy duros, ¿merece la pena embarcarse en la aventura de amar, si por lo que parece, tarde o temprano se va a sufrir algún tipo de desengaño?

 Prometeo: Tal vez debamos aprender a no perturbarnos de manera excesiva ante este tipo de frustraciones, sin por ello dejar de sentir y permanecer abiertos. De todas formas sus dudas, quizá nacen porque no imagina que de experiencias, tan naturales como la de la amargura y el desengaño amoroso, pueda surgir algo bueno en el crecimiento del ser humano.

 Darío: ¿Algo bueno del desengaño? ¿Está usted bromeando?

 Prometeo: Vivimos inmersos en un modelo mental tan instalado en la adicción que huye de cualquier clase de frustración, estando todos dispuestos a tapar y salir corriendo. Nuestro actual desarrollo nos ha propiciado una sensibilidad que, no sólo nos hace intuitivos como radares, sino que también nos abre a un alto grado de vulnerabilidad. Quién mas, quién menos, ha sido herido en el transcurso de su vida emocional, y si queremos aprender de las “heridas de amor” y crecer, tendremos que iluminar nuestras zonas íntimas oscuras, para ser de nuevo capaces de navegar por entre las olas que surjan en nuestros nuevos caminos de relación.

 Darío: Nuevos caminos, una nueva relación… pero ¿a qué precio?

 Prometeo: A todos nosotros, tarde o temprano, nos alcanza el dolor e incluso el sentimiento de confianza traicionada, así que conviene perder el miedo a esta posibilidad, enfrentándonos con valentía a los inevitables rechazos que sufriremos a lo largo de la vida, ya que sólo así, podremos fortalecer nuestro corazón.

 Darío: ¿Enfrentar? ¿Ser conscientes? ¿Aceptar? ¿Y qué pasa, si no las enfrentamos?

 Prometeo: La herida del desengaño, cuando no se hace plenamente consciente y se asume de forma efectiva, tiende a arrastrar el dolor hacia nuestra próxima relación.

 Darío: El término “traición” suena muy novelesco y dramático ¿piensa usted que es una experiencia tan generalizada y común en los mortales de cada día?

 Prometeo: La traición tiene caras muy sutiles que van desde las promesas e ilusiones rotas a los, tan frecuentes, abandonos sin miramientos. Las frustraciones emocionales se dan en todas las facetas de la vida y siempre hacen daño. Un niño se puede sentir traicionado, si su madre no está pendiente de él. Una niña puede sentirse traicionada, cuando su amiga del alma la insulta o si su profesor favorito la humilla. Una mujer joven se puede sentir traicionada, si al quedar embarazada, su pareja no quiere saber nada y se desentiende. También nos sentimos traicionados, si en la relación laboral nos despiden sin grandes razones ó sentimos que nos menosprecian por otro recién llegado… Y por supuesto, cuando nuestra pareja “pasa” de nosotros y nos enfrenta al abandono.

 Darío: Bueno, es la condición humana. Jesús es traicionado por Judas, incluso también otros discípulos también le dan la espalda… César depositó su confianza en Bruto yla Historia nos remite al famoso: ¿Tú también Bruto?

 Prometeo: La traición es más cotidiana de lo que nos imaginamos.

 Darío: Hablemos de la infidelidad sexual.

 Prometeo: En esta cultura tan posesiva y dependiente, la forma mas evidente de sentirse engañado, se suele dar cuando nuestra pareja se salta el acuerdo de una relación monógama. Me refiero a personas que han decidido formar una pareja, al estilo cotidiano de compromiso sexual y travesía familiar, tal y como nuestra sociedad occidental lo propicia.

 Darío: Pero hay un alto porcentaje de personas integradas en el Sistema, que ejercen el rol social de profesionales liberales y padres de familia con aspecto sensato que, habiendo decidido mantener el acuerdo monógamo, tarde o temprano, se saltan este acuerdo, e incluso si lo saltan, se lo callan para no dar “mal ejemplo”.

 Prometeo: Sí, eso es cierto, pero no sólo guardan silencio para no dar mal ejemplo, sino también, para no causar dolor al ser que aman. El problema está en que se tiende a tapar el tema, sin observar sus raíces.

 Darío: ¿Cuáles son las raíces que mueven a la infidelidad?

 Prometeo: ¿Por qué nos referimos a este acto sexual como infidelidad? Las razones y las motivaciones por las que se tienen relaciones con otra persona que no es nuestra pareja, son muy variadas y abarcan un complejo abanico de motivos que, en última instancia, no tienen por qué negar la fidelidad que profesamos a un ser querido. En todo caso lo que se hace es faltar al acuerdo de monogamia, un acuerdo tácito ó expreso. Se puede ser promiscuo y al mismo tiempo muy fiel, y también infiel pero monógamo.

 Darío: ¿Puede citar los motivos más habituales de dicha promiscuidad?

 Prometeo: La pura y simple atracción física sobre el otro sexo en un homenaje carnal. A veces es la creencia de la promiscuidad la que nos hace sentirnos más independientes porque queremos negar la pertenencia en exclusiva. La curiosidad y la experimentación como sentimiento de aventura. La insatisfacción ó carencia que se padece en cualquier área de la pareja actual, y que se supone, será cubierta por la nueva relación. La fascinación y la consiguiente entrega ante la influencia que ejerce el poder, el dinero o el conocimiento. La revancha personal por ofensas y engaños… y muchas otras.

 Darío: ¿Da lo mismo la infidelidad de una mujer que la de un hombre?

 Prometeo: Nuestra parte masculina en una relación sexual, se siente capaz de inhibir el área de los sentimientos y dedicarse a experimentar la pura sensación de un goce sexual, sin necesidad de vínculos crecientes. Mientras que nuestra parte femenina tiende a acceder al despertar sexual a través del afecto y la comunicación emocional. Cuando se actúa desde el predominio de la parte masculina, la llamada infidelidad tendrá un acento sensorial, y sin embargo, en el caso femenino, tenderá a existir una entrega emocional con todo lo que conlleva de proximidad, admiración y gratitud. De todas formas esta distinción es conceptual porque en el ser humano, cada vez con más frecuencia, se expresan los dos modos entrelazados e integrados.

 Darío: Parece que ahora la parte femenina está en recesión en las mujeres y que, cada vez, hay un mayor número de ellas que se sienten tentadas del sexo por el sexo.

 Prometeo: Independientemente que tanto el hombre como la mujer, tienen ambas partes, masculina y femenina, cuyo acento y predominio no siempre coincide con el sexo, parece evidente que cada sexo tiende a acentuar, mas expresamente, su rol físico, aunque el rumbo evolutivo parece que apunta hacia a un cierto androginato psíquico. Es por ello que no voy a entrar en la dialéctica fácil que culpa ó mide las ventajas ó inconvenientes de los hombres y mujeres. Cada persona tiene que aceptar su “puesto” tanto biológico, como emocional y social, y tratar de ser coherente con él.

 Darío: Pero la infidelidad, por mas que lo adorne usted, existe y, sus consecuencias pueden hacernos sentir muy turbados.

 Prometeo: ¿Y si distinguiésemos entre la llamada infidelidad y la deslealtad?

 Darío: ¿Qué quiere usted decir?

 Prometeo: Que el término infidelidad se usa comúnmente para señalar el acto sexual realizado con otra persona diferente de la pareja comprometida; es decir es un “acto de cama”, mientras que la deslealtad supone una negación o menosprecio al peso específico y al valor que dicha pareja tiene en nuestra vida. La deslealtad supone una negación al respeto y distinción que sentimos hacia ella.

 Darío: Si la deslealtad parece ser una negación que afecta un área personal más cercana al yo profundo ¿Por qué suele doler tanto entonces la pura infidelidad sexual?

 Prometeo: El tema es complejo y está influido tanto por programas culturales, como por arraigos ancestrales. En tiempos pretéritos, la infidelidad sexual engendraba hijos, y eso no era ninguna tontería de una noche, ni para un hombre, ni para una mujer. Y por otra parte, sucede que cuando nuestra pareja se siente atraída por otra persona, reconocemos un deseo en ella que amenaza nuestra posición en la pareja, poniendo en peligro nuestra principal referencia de afecto y comunicación, con sus consiguientes derivados económicos, sociales y familiares. Por otra parte el hecho de ser el último que se entera, y no saber lo que está sucediendo, exaspera y duele a la pareja excluida.

 Darío: Uno se pregunta entonces ¿qué hacer ante la atmósfera de promiscuidad que se mueve en la sociedad actual?

 Prometeo: Cada individuo es un verdadero mundo de circunstancias siempre cambiantes, pero ya que pregunta con esa simplicidad, le diré que conviene trabajar el desarrollo personal para elaborar un espacio de comunicación que atienda las necesidades que, cada cual, sinceramente experimenta. Un espacio dinámico entre dos que lejos de cerrar posibilidades a la vida, abra horizontes e infunda sentido a las experiencias que decidimos vivir. Pienso que cuando nuestras acciones, del signo y color que sean, llevan aparejada plena consciencia, no suelen despistar nuestra ruta esencial, por “promesas de homenaje” que como música de fondo adictiva, puede atrasar la profundidad de la travesía.

 Darío: Dígamelo en una palabra.

 Prometeo: Céntrese.

 Darío: Quiere usted decir que viviendo desde mi esencia, ¿no tendré ganas de ser infiel, ó que, mas bien, no me importará la infidelidad de mi pareja?

 Prometeo: Quiero decir que cuando un ser humano vive despierto a su propia esencia, expresa de forma natural un grado de amor y generosidad tal, que se ve automáticamente liberado no sólo de una mente posesiva, sino de todos aquellas tendencias contradictorias que suponen engaño e incoherencia personal. Y si tanto él como su pareja sienten deseos de abrazar a otra persona, las motivaciones de dicho acto consciente y nada oculto, ni perturbarán su vida, ni enturbiarán su relación, ni atentarán a la calidad de la comunicación, porque precisamente el amor que sienten, no estará condicionado, ni causado por ninguna conducta ajena fiel o infiel, sino por la propia apertura del yo profundo, como fuente de benevolencia y lucidez.

 Darío: Viendo así de equilibradas las cosas, sigamos adelante con nuestra exploración ¿dónde están los aspectos positivos de ese dolor, provocado por el engaño y la frustración?

 Prometeo: En primer lugar, partamos de la base que en adelante me referiré al dolor emocional, no al dolor físico. Me refiero al dolor que nace ante una pérdida de algo en nuestra pareja que sentimos de nuestra exclusiva propiedad, y que nos enfrenta a un proceso de desapego y posterior reencuentro, pero ya en otro nivel mental y emocional. Y en segundo lugar, y aunque parezca mentira, haciendo frente al dolor de cualquier sentimiento de abandono, de manera consciente e inteligente, tendremos la oportunidad de conocernos mejor y descubrir una fuente de sentimientos profundos y creativos.

 Darío: Cuando hay conflicto, parece difícil evitar la falta de comunicación. Tal vez, ante la frustración y el dolor, el hecho de solicitar un espacio de reflexión, es lo primero que uno necesita.

 Prometeo: Una cosa es crear un espacio y distanciarse hacia dentro y, otra muy distinta, seguir arrastrando un miedo a sentir de nuevo, proximidad y sentimientos de amor. Resulta muy fuerte ser sincero con uno mismo y permitirse sentir. Tal vez eso es algo que conlleva un proceso de crecimiento y autoconciencia que dura de por vida.

 Darío:  A veces pienso que ser sincero es muy arriesgado.

 Prometeo: El riesgo se minimiza cuando, aprendemos a ser independientes de verdad, y  respetamos la autonomía y el espacio íntimo del otro. Aprendamos a vivir sin “derechos de posesión y pertenencia emocional”. El arte de una relación de crecimiento está en saber soltar la posesividad, sin dejar de estar presente. El hecho de confiar en la integridad y sensatez de aquel ser con el que hacemos el camino, significa dejar de cotillearlo y, dar por sentado que es sincero con nosotros. Además, en la medida en que lo tratamos como si fuese la mejor opción que es capaz de expresar de sí mismo, estaremos ayudando a que dicha opción sea realidad y, por supuesto, al crecimiento personal mutuo.

Una Exploración por las Raíces del Amor (II)

Inspirado en las obras:  “Amor y Traición” de John Amodeo,“Conciencia, Realización y Existencia” de Antonio Blay y reflexiones del autor.

Por José María Doria

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