¡INDIGNAOS!

 

 No permanezcan indiferentes ante estos tiempos de adversidad

Hessel, indignado por la absoluta decadencia actual, se pregunta cómo es posible que con las circunstancias del pasado, tras la Segunda Guerra Mundial, se pudiera crear una sociedad relativamente justa a pesar de la precariedad, y hoy, con la abundancia actual, tengamos que tolerar cambios que reducen y tiran por tierra el bienestar obtenido en tiempos mucho más adversos.

La situación actual es causa de la dictadura de los mercados, la ausencia de regulación de los sistemas de financiación ha convertido al mundo en un lugar muy injusto, con el consentimiento de los políticos u la omisión de cumplir su obligación convirtiéndose en unas marionetas a voluntad de los mercados en vez de luchar por conseguir una sociedad basada en valores.

Europa está abandonando cobardemente los sólidos principios conseguidos para conciliar la libertad y la igualdad, la economía y una sociedad justa. En esta situación, la ciudadanía no debe callar, la casta política no está a la altura de las necesidades actuales.

‘En situaciones como la presente, no debe existir espacio para la resignación o la apatía’

 José Luis Sampedro une sus reflexiones a las de Hessel, con un texto exclusivo para la edición española.

Al principio sorprende. ¿Qué pasa? ¿De qué nos alertan? El mundo gira como cada día. Vivimos en democracia, en el Estado del bienestar de nuestra ma­ravillosa civilización occidental. Aquí no hay guerra, no hay ocupación. Esto es Europa, cuna de culturas. Sí, ése es el escenario y su decorado. Pero ¿de verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobiernan los pueblos de muchos países? ¿O hace tiempo que se ha evolucionado de otro modo?
 
Actualmente en Europa y fuera de ella, los finan­cieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salva­do ya el bache y prosiguen su vida como siempre sin grandes pérdidas. En cambio, sus víctimas no han re­cuperado el trabajo ni su nivel de ingresos. El autor del libro “¡INDIGNAOS!” (Stéphane Hessel) recuerda cómo los primeros programas económicos de Francia después de la segunda guerra mundial incluían la nacionalización de la banca, aun­que después, en épocas de bonanza, se fue rectifican­do. En cambio ahora, la culpabilidad del sector fi­nanciero en esta gran crisis no sólo no ha conducido a ello; ni siquiera se ha planteado la supresión de me­canismos y operaciones de alto riesgo. No se elimi­nan los paraísos fiscales ni se acometen reformas im­portantes del sistema. Los financieros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros. Es de­cir, el dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos. Como dice Hessel, «el poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preo­cupan en primer lugar de sus dividendos y de los altí­simos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general».

¡INDIGNAOS!, les dice Hessel a los jóvenes, por­que de la indignación nace la voluntad de compromi­so con la historia. De la indignación nacióla Resis­tencia contra el nazismo y de la indignación tiene que salir hoy la resistencia contra la dictadura de los mer­cados. Debemos resistirnos a que la carrera por el dinero domine nuestras vidas. Hessel reconoce que para un joven de su época indignarse y resistirse fue más claro, aunque no más fácil, porque la invasión del país por tropas fascistas es más evidente que la dictadura del entramado financiero internacional. El nazismo fue vencido por la indignación de muchos, pero el peligro totalitario en sus múltiples variantes no ha desaparecido. Ni en aspectos tan burdos como los campos de concentración (Guantánamo, Abu Ghraib), muros, vallas, ataques preventivos y «lucha contra el terrorismo» en lugares geoestratégicos, ni en otros mucho más sofisticados y tecnificados como la mal llamada «globalización» financiera.

¡INDIGNAOS!, repite Hessel a los jóvenes. Les recuerda los logros de la segunda mitad del siglo XX en el terreno de los derechos humanos, la implanta­ción dela Seguridad Social, los avances del Estado del bienestar, al tiempo que les señala los actuales retroce­sos. Los brutales atentados del 11-S en Nueva York y las desastrosas acciones emprendidas por Estados Unidos como respuesta a los mismos, están marcando el camino inverso. Un camino que en la primera dé­cada de este siglo XXI se está recorriendo a una veloci­dad alarmante. De ahí la alerta de Hessel a los jóve­nes. Con su grito les está diciendo: «Chicos, cuidado, hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defenderlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten».

¡INDIGNAOS! Luchad, para salvar los logros de­mocráticos basados en valores éticos, de justicia y li­bertad prometidos tras la dolorosa lección de la se­gunda guerra mundial. Para distinguir entre opinión pública y opinión mediática, para no sucumbir al en­gaño propagandístico. « Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente», señala Hessel. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo que es de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperar­lo al servicio de nuestra libertad.

No siempre es fácil saber quién manda en reali­dad, ni cómo defendernos del atropello. Ahora no se trata de empuñar las armas contra el invasor ni de hacer descarrilar un tren. El terrorismo no es la vía adecuada contra el totalitarismo actual, más sofisti­cado que el de los bombarderos nazis. Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del «siempre más», del consumismo voraz y de la distracción me­diática mientras nos aplican los recortes.

¡INDIGNAOS!, sin violencia. Hessel nos incita a la insurrección pacífica evocando figuras como Man­dela o Martin Luther King. Yo añadiría el ejemplo de Gandhi, asesinado precisamente en 1948, año dela Declaración Universalde los Derechos Humanos, de cuya redacción fue partícipe el propio Hessel. Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!

JOSÉ Luis SAMPEDRO

 

 A continuación se transcribe parte del epílogo bajo el título: Por una insurrección pacífica

 He constatado -y no soy el único- la reacción del gobierno israelí confrontado al hecho de que cada viernes los habitantes de la pequeña ciudad de Bil’in, en Cisjordania, van, sin lanzar piedras, sin usar fuer­za alguna, hasta el muro contra el cual protestan. Las autoridades israelíes han calificado esta marcha de «terrorismo no violento». No está mal. Hay que ser israelí para calificar de terrorista la no violencia. Tie­ne que resultar embarazosa la eficacia de una no vio­lencia que tiende a suscitar apoyos, comprensión, la complicidad de todos aquellos que en el mundo son adversarios de la opresión.

El pensamiento productivista, auspiciado por Occidente, ha arrastrado al mundo a una crisis de la que hay que salir a través de una ruptura radical con la escapada hacia delante del «siempre más», en el dominio financiero pero también en el de las ciencias y las técnicas. Ya es hora de que la preocupación por la ética, por la justicia, por el equilibro duradero pre­valezcan. Puesto que los más graves riesgos nos ame­nazan. Y pueden llevar a su término la aventura hu­mana en un planeta que podría volverse inhabitable para el hombre.

Pero no es menos cierto que se han hecho impor­tantes progresos desde 1948: la descolonización, el final del apartheid, la destrucción del imperio soviéti­co, la caída del muro de Berlín. Por el contrario, la primera década del siglo XXI ha sido un periodo de retroceso. Este retroceso lo atribuyo en parte a la presidencia estadounidense de George Bush, al 11 de septiembre y a las desastrosas acciones que como consecuencia ha emprendido Estados Unidos, como esa intervención militar en Irak. Nos hemos encon­trado con esta crisis económica, pero no hemos apro­vechado la ocasión para iniciar ninguna nueva políti­ca de desarrollo. De la misma manera, la cumbre de Copenhague contra el cambio climático no ha con­ducido al compromiso de una verdadera política para la preservación del planeta. Nos encontramos en un umbral, entre los horrores de la primera dé­cada y las posibilidades de las siguientes. Pero hay que tener confianza, no hay que perder la confianza nunca. El decenio anterior, el de 1990, fue el origen de grandes progresos. Las Naciones Unidas supieron convocar conferencias como la de Río sobre el medio­ ambiente, en 1992; la de Pekín sobre las mujeres, en 1995; en septiembre de2000, a partir de la iniciativa del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, los 191 países miembros adoptaron la decla­ración sobre los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, a través de la cual se comprometían a redu­cir la pobreza en el mundo a la mitad desde 2000 hasta2015. Mi principal disgusto es que ni Obama nila Unión Europea hayan propuesto una aporta­ción para una fase constructiva apoyada en los valo­res fundamentales.

¿Cómo concluir esta llamada a la indignación?….., …..apelemos todavía a

«una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunica­ción de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el des­precio hacia los más débiles y hacia la cultura, la am­nesia generalizada y la competición a ultranza de to­dos contra todos».

A aquellos que harán el siglo XXI, les decimos, con todo nuestro afecto:

«CREAR ES RESISTIR. RESISTIR ES CREAR.»

 

Nota: Indignaos (Ediciones Destino), está a la venta desde el 21 de Febrero de 2011, por un precio de 5 €.

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