LA REVOLUCIÓN SILENCIADA

Hay una “revolución” mucho menos impactante que la que está teniendo lugar en el mundo árabe: Túnez, Egipto, Libia. Una revolución que carece de violencia, una revolución cívica, pacífica que tiene lugar desde hace dos años, convenientemente silenciada por los medios de comunicación al servicio de las plutocracias europeas. 

Ha ocurrido en la mismísima Europa (en el sentido geopolítico), en un país con la democracia probablemente más antigua del mundo, cuyos orígenes se remontan al año 930, y que ocupó el primer lugar en el informe de la ONU del Índice de Desarrollo Humano de 2007/2008.

¿Adivináis de qué país se trata? Estoy seguro de que la mayoría no tiene ni idea, como no la tenía yo hasta que me he enterado por casualidad. Se trata de Islandia, pues esta es la breve historia de la Revolución Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis, reescritura de la constitución por los ciudadanos y un proyecto de blindaje de la libertad de información y de expresión.

¿Qué pasaría si el resto de ciudadanos europeos tomáramos ejemplo?

Esta revolución ha transcurrido de forma ejemplar: a golpe de cacerola, gritos y certero lanzamiento de huevos. Esta ha sido una revolución contra el poder político-financiero neoliberal que nos ha conducido hasta la crisis actual.

 ¿Se nos ha hablado de esto en los medios de comunicación europeos?

¿Se ha comentado en las tertulias radiofónicas  y las decenas de debates que a diario nos bombardean en los distintos medios de comunicación?

¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV?

Claro que no. Debe ser que a los Estados Unidos de Europa no les parece suficientemente importante que un pueblo coja las riendas de su soberanía y plante cara al rodillo neoliberal. O quizás teman que se les caiga la cara de vergüenza al quedar una vez más en evidencia que han convertido la democracia en un sistema plutocrático donde nada ha cambiado con la crisis, excepto el inicio de un proceso de socialización de las pérdidas con recortes sociales y precarización de las condiciones laborales. Es muy probable también que piensen que todavía quede vida inteligente entre sus unidades de consumo, que tanto gustan en llamar ciudadanos, y teman un efecto contagio. Aunque lo más seguro es que esta calculada minusvaloración informativa, cuando no silencio clamoroso, se deba a todas estas causas juntas.

A continuación transcribo un artículo realizado por Mariam Carmona (EL IMPARCIAL):

 ¿Por qué se ha silenciado la revolución política islandesa?

¿Qué intereses tienen los políticos occidentales para acallar este ejemplo de civismo?

¿Temen los dirigentes europeos perder el protagonismo en favor de los ciudadanos o un contagio a la islandesa?

 Todas estas preguntas y otras las ha respondido el analista político y profesor de en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED),- Jaime Pastor-

“Evidentemente, existe entre las democracias europeas el interés de dejar a modo de nota el caso islandés”, comenta Pastor que justifica este interés en que en Islandia “se ha rechazado la salida de la crisis que se han establecido en el resto de occidente”.

“Cuando el Gobierno islandés planteó pagar a los acreedores, principalmente de Gran Bretaña y Holanda, y saldar así la deuda ocasionada por la crisis financiera, hubo un referéndum y la Ley fue rechazada” con el 93 por ciento de los votos, lo cual en palabras de este profesor de Ciencias Políticas vino a confirmar que “existe otra vía de respuesta a la crisis que no sea la socialización de las pérdidas, gracias a la presión de una población que no quiere pagar los costes de la crisis”.

 Según explica Pastor, “la de Islandia no es una revolución al estilo árabe, pues la primera tiene relación con la crisis financiera, mientras que las que se suceden en África tienen más que ver con la carencia de derechos y la denominada crisis alimentaria”. En definitiva, los cambios que desde 2008 ocurren en Islandia tienen que ver con “una salida antineoliberal de la crisis financiera”.

 Ante la reflexión de que el ciudadano en cierto modo ha sido expulsado de los procesos de toma de decisiones, Pastor opina que “se ha impuesto en el mundo occidental el impedir al ciudadano opinar” y cita como ejemplo a España: “Todas las decisiones políticas que Zapatero ha venido tomando desde mayo de 2010 poco o nada tienen que ver con su programa electoral y, por tanto, deberían haberse sometido a referéndum”.

 En decisiones como financiar la deuda de los bancos, privatizar las cajas de ahorros o la reforma de las pensiones el ciudadano tiene mucho que decir.

En la actualidad, “la democracia está literalmente secuestrada por el poder de la gran banca”, asegura Pastor que añade además que “los dirigentes políticos se aprovechan de esa indignación resignada de la gente ante un índice cada vez mayor de corrupción”.

Por todo ello, el objetivo cumplido por parte de las democracias europeas de acallar el clamor islandés, cuanto menos, se puede decir que no es casual. “Los grandes Ejecutivos europeos, como el alemán, el británico o el francés, temen el contagio y por ello propician el silencio”, asevera este analista político.

 “Islandia ha sido un ejemplo de manual”, asegura Pastor que explica además que “fue un país que hasta 2008 tuvo un crecimiento vertiginoso, era visto como uno de los lugares más felices y su renta per cápita era muy alta”. Muchos gobiernos de alrededor citaba a Islandia como ejemplo a seguir, eso sí, hasta 2008 cuando estalla la burbuja inmobiliaria y cae Lehman Brothers, lo que llevó a Islandia a la bancarrota. “Hoy no quieren (los gobiernos) que se recuerde cómo estaba Islandia antes y, sobre todo, no quieren que se hable de cómo la ciudadanía dijo no al pago de los acreedores”, concluye Pastor.

 En 2007 Islandia era el país más desarrollado del mundo, entre otras cosas no depende del petróleo para generar su electricidad y agua caliente.

 Algunos dirán que Islandia es una pequeña isla de tan sólo 300.000 habitantes, con un entramado social, político, económico y administrativo mucho menos complejo que el de un gran país europeo, por lo que es más fácil organizarse y llevar a cabo este tipo de cambios. Sin embargo es un país que, aunque tienen gran independencia energética gracias a sus centrales geotérmicas, cuenta con muy pocos recursos naturales y tiene una economía vulnerable cuyas exportaciones dependen en un 40% de la pesca. También los hay que dirán que han vivido por encima de sus posibilidades endeudándose y especulando en el casino financiero como el que más, y es cierto. Igual que lo han hecho el resto de los países guiados por un sistema financiero liberalizado hasta el infinito por los mismos gobiernos irresponsables y suicidas que ahora se echan las manos a la cabeza. Yo simplemente pienso que el pueblo islandés es un pueblo culto, solidario, optimista y valiente, es decir con CONCIENCIA, que ha sabido, plantarle cara al SISTEMA, dando una lección de “LIBERTAD” al resto del mundo.

 Espero que este acontecimiento, esta revolución pacífica que ha tenido lugar en  Islandia nos haga reflexionar un poco sobre el hecho de que

“OTRO MUNDO ES POSIBLE”.

ISLANDIA, un pueblo sin miedo, un ejemplo a seguir.

 

Información extraída en los  artículos realizados por Luis Picazo Casariego y J.A. Pérez Duval

AlfonS

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